M13 en Hércules: el cúmulo de 300,000 estrellas al que le hablamos en 1974
Imagen: NASA, ESA y el Hubble Heritage Team (STScI/AURA) / ESA/Hubble (CC BY 4.0)
Seguimos la serie del catálogo de Charles Messier con un cuarto objeto, y el primero de un tipo nuevo: M13, el Gran Cúmulo de Hércules — una esfera de cerca de 300,000 estrellas a 22,200 años luz, y el destino del primer mensaje de radio que la humanidad envió a propósito hacia las estrellas.
Ya hablamos de M31, la Galaxia de Andrómeda, M42, la Nebulosa de Orión y M45, las Pléyades.
El canal de YouTube Astros Molestos (@astrosmolestos) ya publicó su cuarto episodio sobre este objeto:
Cómo encontrarlo (y por qué necesitas cielo oscuro de verdad)
A diferencia de M31, M42 y M45, M13 no se deja ver fácil: su magnitud es 5.8, justo en el límite de lo que el ojo humano distingue incluso bajo un cielo perfecto. Está en la constelación de Hércules, dentro del asterismo conocido como "la Llave". Con binoculares ya se nota como una manchita redonda; hace falta un telescopio para empezar a intuir que ahí dentro hay algo más que una sola estrella borrosa.
El astrónomo que catalogó lo que no pudo ver
Edmond Halley —sí, el del cometa— fue el primero en anotarlo, en 1714: "es solo un pequeño parche, pero se muestra a simple vista cuando el cielo está sereno y la luna ausente." Charles Messier lo catalogó oficialmente el 1 de junio de 1764, convencido de que era pura nebulosa, sin ninguna estrella dentro. Se equivocaba: años después, William Herschel apuntó un telescopio lo bastante potente para resolver, una por una, las estrellas que Messier nunca llegó a distinguir.
Una esfera casi tan vieja como el universo
M13 tiene unos 11,650 millones de años — el universo completo tiene 13,800 millones, así que este cúmulo se formó cuando el cosmos apenas empezaba. Entre sus cerca de 300,000 estrellas hay unas 15 "rezagadas azules": estrellas que deberían haberse apagado hace mucho tiempo, pero brillan azules y calientes como si fueran jóvenes, probablemente el resultado de colisiones o fusiones entre estrellas más viejas en un espacio tan apretado como el del cúmulo.
El mensaje que nadie va a responder a tiempo
El 16 de noviembre de 1974, un equipo liderado por Frank Drake, con Carl Sagan entre los autores, usó el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, para enviar un mensaje de radio de 1,679 bits —una silueta humana, la doble hélice del ADN, un mapa del sistema solar— directo hacia M13. Lo eligieron precisamente por sus cerca de 300,000 estrellas y su edad. El propio equipo sabía que nadie vivo escucharía una respuesta: el mensaje tarda unos 25,000 años en llegar. Hay un matiz real detrás de la anécdota: para entonces el cúmulo habrá girado un poco alrededor de la Vía Láctea, pero su movimiento propio es tan pequeño que la señal debería seguir cayendo cerca de él, no perderlo por completo.
Lo que sigue
Con M13 la serie suma su primer cúmulo globular, distinto de M45, que es un cúmulo abierto mucho más joven y disperso. La serie continuó con M1, la Nebulosa del Cangrejo, el objeto que le dio origen a todo el catálogo.