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Astronomía

M1, la Nebulosa del Cangrejo: el "no-cometa" que le dio origen al Catálogo Messier

Imagen: NASA, ESA, J. Hester y A. Loll (Arizona State University) / ESA/Hubble (CC BY 4.0)

Seguimos la serie del catálogo de Charles Messier con el objeto que le da nombre a toda la lista: M1, la Nebulosa del Cangrejo — los restos de una estrella que explotó hace casi mil años, y la confusión que en 1758 llevó a Messier a crear su catálogo completo.

Ya hablamos de M31, la Galaxia de Andrómeda, M42, la Nebulosa de Orión, M45, las Pléyades y M13, el Gran Cúmulo de Hércules.

El canal de YouTube Astros Molestos (@astrosmolestos) le dedicó su quinto episodio:

Cómo encontrarlo (y por qué nunca lo vas a ver a simple vista)

M1 está en la constelación de Tauro, junto al cuerno sur del toro. A diferencia de M31, M42 y M45, es el primer objeto de esta serie que no se puede ver de ninguna forma a simple vista: su magnitud es 8.4, muy por debajo del límite de alrededor de 6.5 que distingue el ojo humano incluso con cielo oscuro. Hace falta al menos un telescopio pequeño para encontrarlo, y uno más grande para empezar a intuir su forma real.

Un dibujo de 1844 que ni su propio autor pudo confirmar

El nombre "Nebulosa del Cangrejo" no viene de ninguna fotografía, sino de un dibujo a mano. En 1844, William Parsons, tercer Conde de Rosse, publicó un boceto hecho con su telescopio de 36 pulgadas en Birr Castle, Irlanda, donde los filamentos de la nebulosa le recordaron a las patas de un cangrejo. El nombre se quedó — pero cuando Parsons volvió a observarla años después, en 1848, ya con un telescopio todavía más grande, ni él mismo pudo confirmar que se pareciera tanto a un cangrejo como en su primer dibujo.

La foto real: un mosaico de 24 tomas del Hubble

La imagen que acompaña este artículo es un mosaico del Telescopio Espacial Hubble, armado a partir de 24 exposiciones distintas tomadas entre octubre de 1999 y diciembre de 2000 (créditos: NASA, ESA, J. Hester y A. Loll, Universidad Estatal de Arizona). Los filamentos que se ven —verdes, rojos, azulados— son los restos de la estrella que explotó, todavía expandiéndose hacia afuera a una velocidad de alrededor de 1,500 kilómetros por segundo.

El corazón que sigue latiendo: un púlsar

En el centro de la nebulosa está lo que queda de la estrella original: una esfera de apenas 28 a 30 kilómetros de diámetro —el tamaño de una ciudad— pero con más masa que el Sol, girando sobre sí misma 30.2 veces por segundo. Es el Púlsar del Cangrejo, y en enero de 1969 se convirtió en el primer púlsar detectado directamente en luz visible (hasta entonces solo se habían encontrado por radio), cuando un equipo del Observatorio Steward, en Arizona, logró captar sus destellos con un telescopio de 36 pulgadas.

El objeto que le dio nombre al catálogo entero

En 1758, Charles Messier —como contamos en su propio artículo— buscaba el regreso anunciado del cometa Halley. El 28 de agosto de ese año encontró una manchita difusa en Tauro que, por un momento, pensó que podía ser el cometa. No lo era: noche tras noche, la manchita se quedó exactamente en el mismo lugar, sin moverse como se mueve un cometa real. Esa confusión —y la frustración de perder tiempo con un objeto que no era lo que buscaba— fue lo que le dio a Messier la idea de catalogar sistemáticamente todo lo que "parecía cometa pero no lo era", para no volver a confundirse. M1 se convirtió así en la primera entrada de una lista que terminaría teniendo 110 objetos — la misma lista que hoy le presta su nombre a "Astros Molestos".

La escala: una explosión de hace casi mil años

La estrella que formó M1 explotó como supernova en el año 1054 — el registro más detallado lo dejaron astrónomos chinos, que documentaron una "estrella huésped" tan brillante que se pudo ver de día durante 23 días seguidos, y de noche durante casi dos años. Hoy, casi mil años después, esos restos siguen a unos 6,500 años luz de distancia, separándose cada vez más rápido, empujados por la radiación del propio púlsar en el centro.

Lo que sigue

Con M1 la serie llega a su quinto objeto y cierra, en cierto sentido, el círculo: es el objeto que le dio nombre y origen a todo el Catálogo Messier que venimos documentando. Seguimos al ritmo real del canal — quedan 105 objetos más por elegir.